En el G&R #5 el tema central era “La literatura de posguerra”. Escogí escribir sobre Maus y éste fue el resultado.

¿“Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”, como dejó escrito el filósofo alemán Theodor W. Adorno? No, escribir poesía sigue siendo un acto liberador, que nos devuelve a los orígenes, a ponernos en la piel de las personas que nos rodean, de las que comparten nuestros sentimientos más profundos, de las que amamos. Por desgracia Auschwitz, y el holocausto judío en particular, no son ni serán las últimas ocasiones en las que un ser humano demuestre lo lejos que puede llegar a estar de otro ser humano. Otros ejemplos del pasado lejano o no tan lejano: Las conquistas del Imperio Romano, los genocidios de las invasiones mongolas de Gengis Khan y de las hordas de los Hunos, las Cruzadas, la conquista de las Américas y las matanzas de indígenas y de esclavos africanos, el colonialismo europeo en Asia y África, la Guerra Civil española, las dos grandes guerras mundiales, la barbarie asesina de los Jemeres Rojos de Pol Pot en Camboya, las miles de víctimas entre hutus y tutsis en Ruanda, las guerras de Irak – Afganistán, la ocupación China del Tibet…
La literatura dedicada al exterminio judío es extensísima, así como la filmografía, los museos, las esculturas conmemorativas… todo ello nos hace recordar o, al menos, no olvidarnos de lo ocurrido. Así, llegamos a la aportación a este no-olvido de Art Spiegelman, con su comic MAUS. Una aportación que no acumula polvo en las estanterías, que no deja indiferente a nadie, que personas de muy distintas edades, condición social, cultural, etc.; se ven atrapadas entre sus páginas mientras un escalofrío en forma de témpano de escarcha surca nuestras espaldas.
MAUS representó en 1992, al serle otorgado el primer y único premio Pulitzer para un comic, un hito para el arte de la historieta gráfica. Las memorias de Vladek y Anja, padres del autor de la obra, son la escusa perfecta para conocer en primera persona las vivencias de la familia Spiegelman a lo largo de la invasión nazi de Polonia, y las vejaciones, torturas, asesinatos y aniquilación del pueblo judío durante el estallido y desarrollo de segunda gran guerra mundial, y especialmente en el campo de concentración de Auschwitz.

Spiegelman (Estocolmo, 1948) elige a los animales, curiosamente, para representar a los seres humanos. Los judíos son ratones y los alemanes gatos, los polacos cerdos y los estadounidenses perros. Las interpretaciones sobre esta elección pueden ser infinitas. Los gatos se comen a los ratones y estos viven escondidos y pasando penurias para que los gatos no acaben con ellos, entre otras muchas posibilidades. Esta caracterización es una peculiaridad que nos podría llevar a equívocos al introducirnos en las primeras páginas. Un tema tan dramático y doloroso en el que se representan a verdugos y víctimas caricaturizados como animales nos aleja de rostros humanos que nos ayuden a comprender que nosotros mismos podríamos haber sido asesinos o ajusticiados. Sin embargo, Art Spiegelman consigue algo mucho más intenso y permeable. Sumergirnos en una psicología humana funesta, en el que los nazis despojaron tanto a judíos como a alemanes de todo rasgo de humanidad para acabar con más de un millón de personas como si fueran ratas y dejar a toda una generación de personas destrozadas por los horrores que sufrieron o que llevaron a cabo. Las palabras recogidas en MAUS de un artículo de un periódico alemán de mediados de la década de 1930 nos pueden ayudar a vislumbrar la animalización y deshumanización nazi:
“Mickey Mouse es el ideal más lamentable que jamás haya visto la luz… Un sentimiento sano indica a cualquier joven independiente y a toda juventud honorable que esa alimaña sucia e inmunda, el mayor portador de bacterias del mundo animal, no puede ser el tipo ideal de animal… ¡Fuera la animalización judía del pueblo! ¡Abajo Mickey Mouse! ¡Lucid la cruz gamada!”
Otra de las aportaciones más aplaudidas y pioneras de MAUS a la historia del cómic y la novela gráfica es la familiaridad y cercanía de su lenguaje junto a su contenido, con el uso de la técnica literaria de la autobiografía. Art Spiegelman realiza una auténtica inmersión en el mundo más íntimo de sumadre y padre, y en el suyo propio. Lo que parece algo más usual en el resto de variantes de las artes como el cine, la pintura o la novela, en el mundo de las viñetas ha representado toda una innovación. Así, páginas dedicadas a la propia recopilación que realizó el autor de la historia de su familia a través de entrevistas realizadas con su padre: la cotidianidad, las anécdotas aparentemente intrascendentes, las confesiones más personales, los diálogos en los que Art Spiegelman explica cómo compondrá esta gran obra en un presente-pasado…; se mezclan con la recreación de la vida de su padre, Vladek, logrando cerrar un círculo vital de distintas dimensiones temporales que se hacen una (somos lo que fuimos, lo que vivimos y lo que nos gustaría ser):
[…] El tiempo vuela…
Art Spiegelman: Vladek murió de insuficiencia coronaria el 18 de agosto de 1982… Françoise y yo nos quedamos en los castskills con él el agosto de 1979.
Vladek empezó a trabajar de hojalatero en Auschwitz la primavera de 1944… Yo empecé a trabajar en esta página a finales de febrero de 1987.
En mayo de 1987 Françoise y yo esperábamos un bebé… Entre el 16 y el 24 de mayo de 1944, más de 100.000 judíos húngaros murieron en las cámaras de gas de Auschwitz…
En septiembre de 1986, tras ocho años de trabajo, se publicó la primera parte de MAUS. Fue un éxito de crítica y ventas.
(Art Spiegelman, aparece en esta viñeta en su mesa de trabajo, con una careta de ratón y decenas de cadáveres de ratones apilados a sus pies y moscas revoloteando por toda la habitación)
Se traducirá al menos a quince idiomas. He recibido cuatro ofertas serias para adaptar el libro al cine o a la televisión. (No quiero hacerlo.) En mayo de de 1968 mi madre se suicidó. (Sin dejar ninguna nota.)
Últimamente estoy deprimido.
Periodista: Muy bien, Sr. Spiegelman… ¡Listos para rodar…! Cuéntele a los espectadores cuál es el mensaje de su libro.
Extracto del capítulo dos “Auschwitz (el tiempo vuelo)” de MAUS.
Paso a paso, con sencillez y ligereza, leemos y observamos las páginas de esta novela. Y uno queda ligado a las emociones que emanan de las viñetas. Sentimos la tensión, la duda, el miedo… las noticias que como gotas de agua llenan un vaso que, al derramarse por estar tan lleno, dejan formarse en el suelo las palabras guerra y muerte, tan unido, desgraciadamente, a nuestra vida en la tierra. Pero, sin moralejas, sin demagogias y maniqueos de buenos y malos, sin dobleces del lenguaje, sin buscar sentirnos culpables. Somos seres humanos y animales, pero somos capaces de dejar de serlo y convertirnos en otra cosa. Gatos que persiguen a ratones o ratones que huyen de los gatos.
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