
Historia de los niños sobrenaturales
por David G. Ávila
Siempre me gustaron las historias grises, frías, lluviosas, humeantes, intrigantes y sospechosas. Aunque no soy un apasionado que se desvive por devorar novelas negras, trillers, historias de detectives, asesinatos, fantasmas, mafia, corrupciones y vendettas nunca desaprovecho la oportunidad de involucrarme en esas narraciones cuando se presentan delante de mis ojos. Pero tengo que sincerarme, la mayoría de las referencias que tengo sobre historias de terror, intriga o suspense, de esas que te agarran por el estómago mientras se te ponen los pelos erizados, vienen del cine. Le debo al séptimo arte algunos de mis desvelos más intensos e infinitos, pero al cine le falta algo que sólo la literatura y los libros pueden dar, y es la capacidad de tener el control, una misma, del tiempo y del espacio en el transcurre la lectura de la narración.
Me explico. Cuando ves una película, la visión de la misma tiene su tiempo determinado, y puedes dejar de verla y continuar en otro momento, pero no conozco a nadie que se dedique a visionar varias películas a la vez, por ejemplo, a lo largo de una semana. Un libro, sin embargo, puedes comenzarlo, detenerte, hacer pausas, recuperarlo, reengancharte, volver atrás y continuar, recordar párrafos o frases. Por otro lado, con los nuevos portátiles y dispositivos informáticos de reducidas dimensiones, eres capaz de ver una película en cualquier parte (calle, parque, playa, oficina…) pero tampoco he visto a nadie haciendo esto. Al contrario, los libros parecen estar hechos para trasladarte con ellos físicamente, al mismo tiempo que viajas psicológicamente al tiempo y lugar de la narración.
Os preguntaréis el por qué de estas comparaciones entre la literatura y el cine en estos momentos. Mucho tiene que ver el cómic que titula este artículo. “Historias de los niños sobrenaturales” es un tebeo de terror, misterio e intriga que tiene una versión audiovisual, que aunque está muy bien hecha, no consigue llegar a transmitir la cercanía y el vínculo que logran las páginas entintadas. Sumergiéndonos un poco más en el texto de Luis Bleinstein y los dibujos de Ramón Trigo, es imposible no comenzar haciendo hincapié en su negrura. Negra su portada, solapa y contraportada, negras sus palabras, trazos y miradas, negras las vidas de sus protagonistas marcadas por la espera, la ambición, la envidia y la muerte. El negro lo cubre todo, salvo los huecos en los que el blanco es necesario para dejar ver lo que esconde la oscuridad. Pero no todo es negro. El blanco, desde mi punto de vista, equilibra las historias y los ambientes y es el color de los personajes, unos niños, que son los narradores indirectos o directos de cuatro historias que están unidas entre sí. Cuatro niños que son especiales y diferentes, aunque en el fondo les gustaría no ser tan especiales ni diferentes. Unos niños que se encuentran en sus sueños y que tienen un poder o capacidad sobrenatural.
Axel: “En una ocasión alguien le regaló una orquídea y Nolan un pequeño saquito de oro… Para Axel era fácil hacer lo que la gente le pedía: sólo tenía que sedear que ocurriera.”
Y, sin embargo, Axel no puede hacer que se cumplan sus propios deseos y sufre por la muerte de su madre y la depresión de su padre. Fanny es una niña de enormes ojos y mirada ausente que es capaz de ver lo que piensan los demás, pero es atrapada por un ajuste de cuentas entre un empresario y un mafioso:
El señor Mano: “Ahora recuerda lo que hablamos. Quiero que mires dentro de él como lo hacías conmigo, y me digas dónde ha escondido este maldito cerdo mi maletín.”
Fanny:”No puedo. No puedo.”
El señor Mano: “¿qué pasa? Pensé que habías entendido.”
Fanny: “No puedo hacerlo porque él no tiene ojos. Sin sus
ojos yo no puedo ver nada.”

El padre padre de Axel en estado depresivo
Chico es un niño regordete y de camiseta a rayas que convive con un hombre manco con una historia de amor traicionado, asesinato y fuga que ahora es su familia.
Chico posee el don de predecir el futuro, pero con un handicap:
C h i c o : “ C i n c o … C u a t r o … Tr e s … D o s , u n o … Ahora.” (Comienza a llover)
Nick: “Has vuelto a hacerlo. ¿Cuánto crees que va a durar?
Chico: “Ya sabes que puedo decir el momento en que comienza, pero nunca el final.”
Por último, Cora es el cuatro niño de esta historia, aunque no queda demasiado claro cuál es su habilidad especial. Sin embargo, al igual que el resto de los infantes, su pasado y su presente se mezclan con venganzas, asesinatos y fugas. En este caso, Con una terrorífica historia de ajustes de cuentas entre dos familias
enfrentadas desde hace años y años.
La “Historia de los niños sobrenaturales” no llega a ser un libro de terror espeluznante y directo a los rincones más inseguros de nuestra conciencia. Pero su ritmo pausado, la inocente mirada de los chiquillos, las muertes por desamor, rabia, venganza y el estupendo trabajo del dibujante Ramón Trigo, nos puede llegar a calar hasta los huesos como en una tarde de primavera que comenzó cálida y soleada, pero finaliza tormentosa y fría.
Título: Historias de los niños
sobrenaturales
Autores: Luis Bleinstein (guión) /
Ramón Trigo (dibujo)
Editorial: Edicions de Ponent
Fecha de edición: septiembre de
2007
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GR – 12
HISTORIAS
DE
LOS NIÑOS
S O B R E N AT U R A L E S
Luis Bleisntein y Ramón Trigo
por David G. Ávila
Siempre me gustaron las historias grises, frías, lluviosas,
humeantes, intrigantes y sospechosas. Aunque no soy un
apasionado que se desvive por devorar novelas negras,
trillers, historias de detectives, asesinatos, fantasmas,
mafia, corrupciones y vendettas nunca desaprovecho la
oportunidad de involucrarme en esas narraciones cuando
se presentan delante de mis ojos. Pero tengo que
sincerarme, la mayoría de las referencias que tengo sobre
historias de terror, intriga o suspense, de esas que te
agarran por el estómago mientras se te ponen los pelos
erizados, vienen del cine.
Le debo al séptimo arte algunos de mis desvelos más
intensos e infinitos, pero al cine le falta algo que sólo la
literatura y los libros pueden dar, y es la capacidad de
tener el control, una misma, del tiempo y del espacio en el
transcurre la lectura de la narración. Me explico. Cuando
ves una película, la visión de la misma tiene su tiempo
determinado, y puedes dejar de verla y continuar en otro
momento, pero no conozco a nadie que se dedique a
visionar varias películas a la vez, por ejemplo, a lo largo de
una semana. Un libro, sin embargo, puedes comenzarlo,
detenerte, hacer pausas, recuperarlo, reengancharte,
volver atrás y continuar, recordar párrafos o frases. Por
otro lado, con los nuevos portátiles y dispositivos
informáticos de reducidas dimensiones, eres capaz de ver
una película en cualquier parte (calle, parque, playa,
oficina…) pero tampoco he visto a nadie haciendo esto. Al
contrario, los libros parecen estar hechos para trasladarte
con ellos físicamente, al mismo tiempo que viajas
psicológicamente al tiempo y lugar de la narración.
Os preguntaréis el por qué de estas comparaciones entre
la literatura y el cine en estos momentos. Mucho tiene que
ver el cómic que titula este artículo. “Historias de los
niños sobrenaturales” es un tebeo de terror, misterio e
intriga que tiene una versión audiovisual, que aunque está
muy bien hecha, no consigue llegar a transmitir la cercanía
y el vínculo que logran las páginas entintadas.
Sumergiéndonos un poco más en el texto de Luis
Bleinstein y los dibujos de Ramón Trigo, es imposible no
comenzar haciendo hincapié en su negrura. Negra su
portada, solapa y contraportada, negras sus palabras,
trazos y miradas, negras las vidas de sus protagonistas
marcadas por la espera, la ambición, la envidia y la
muerte. El negro lo cubre todo, salvo los huecos en los
que el blanco es necesario para dejar ver lo que esconde
la oscuridad.
Pero no todo es negro. El blanco, desde mi punto de
vista, equilibra las historias y los ambientes y es el color
de los personajes, unos niños, que son los narradores
indirectos o directos de cuatro historias que están unidas
entre sí. Cuatro niños que son especiales y diferentes,
aunque en el fondo les gustaría no ser tan especiales ni
diferentes. Unos niños que se encuentran en sus sueños y
que tienen un poder o capacidad sobrenatural. Axel:
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“En una ocasión alguien le regaló una orquídea y Nolan un
pequeño saquito de oro… Para Axel era fácil hacer lo que
la gente le pedía: sólo tenía que sedear que ocurriera.”
Y, sin embargo, Axel no puede hacer que se cumplan sus
propios deseos y sufre por la muerte de su madre y la
depresión de su padre.
Fanny es una niña de enormes ojos y mirada ausente que
es capaz de ver lo que piensan los demás, pero es
atrapada por un ajuste de cuentas entre un empresario y
un mafioso:
El señor Mano: “Ahora recuerda lo que hablamos. Quiero
que mires dentro de él como lo hacías conmigo, y me
digas dónde ha escondido este maldito cerdo mi maletín.”
Fanny:”No puedo. No puedo.”
El señor Mano: “¿qué pasa? Pensé que habías entendido.”
Fanny: “No puedo hacerlo porque él no tiene ojos. Sin sus
ojos yo no puedo ver nada.”
Chico es un niño regordete y de camiseta a rayas que
convive con un hombre manco con una historia de amor
traicionado, asesinato y fuga que ahora es su familia.
Chico posee el don de predecir el futuro, pero con un
handicap:
C h i c o : “ C i n c o … C u a t r o … Tr e s … D o s , u n o …
Ahora.” (Comienza a llover)
Nick: “Has vuelto a hacerlo. ¿Cuánto crees que va a
durar?
Chico: “Ya sabes que puedo decir el momento en que
comienza, pero nunca el final.”
Título: Historias de los niños
sobrenaturales
Autores: Luis Bleinstein (guión) /
Ramón Trigo (dibujo)
Editorial: Edicions de Ponent
Fecha de edición: septiembre de
2007
92 páginas (b/n) – 15 €
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Por último, Cora es el cuatro niño de esta historia, aunque
no queda demasiado claro cuál es su habilidad especial.
Sin embargo, al igual que el resto de los infantes, su
pasado y su presente se mezclan con venganzas,
asesinatos y fugas. En este caso, Con una terrorífica
historia de ajustes de cuentas entre dos familias
enfrentadas desde hace años y años.
La “Historia de los niños sobrenaturales” no llega a ser
un libro de terror espeluznante y directo a los rincones
más inseguros de nuestra conciencia. Pero su ritmo
pausado, la inocente mirada de los chiquillos, las muertes
por desamor, rabia, venganza y el estupendo trabajo del
dibujante Ramón Trigo, nos puede llegar a calar hasta los
huesos como en una tarde de primavera que comenzó
cálida y soleada, pero finaliza tormentosa y fría.
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